Después de tanto, fui yo.

Solamente me senté mientras, esas palabras me retumbaban

el alma, la vida y el corazón,

yo dejé mi mundo en tinieblas por alumbrar el suyo con mis estrellas,

yo luché contra sus miedos, y le grité una y mil veces que su mundo

también merece la primavera,

no sabía a qué se refería cuando dijo que  se fue porque le di la espalda,

no entendía, no podía comprender,

sólo sabía que le di la espalda para aguantar los disparos que atravesarían su ser,

le di la espalda para secarme las lágrimas y regalarle una sonrisa,

después de tanto, después de haberle entregado mi tiempo y mi vida,

después de borrar sus defectos y dibujar sus virtudes,

después de darle la mano cuando la soledad lo condenó al olvido,

después de recorrer todo su cuerpo con mis labios,

después de dejarme en pedazos sin piedad ni remordimientos,

después que mi mundo se fragmentara por arreglar el suyo,

después de tanto tuvo la cobardía de decir que yo, le di la espalda.

 

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Cómo olvidas

Otra vez estaba ahí, bombardeada de recuerdos, 

y él no estaba ahí, se fue sin piedad, 

me dejó un mensaje en la piel, “cada espacio de tu ser fue mío”

lo sabía, pero cómo hago para borrarlo,

cómo dejo de desear que esté en mí,

cómo desdibujo su boca de mis labios,

cómo rompes una promesa que se hizo con un meñique,

cómo dejas de anhelar el pasado, si el presente lo vives sola,

cómo dejas de amar, a quien te enseñó a contar las estrellas de su mano,

cómo continúa la vida, si se han llevado los rayos del sol,

cómo unes un corazón fragmentado, si la luna se ocultó

cómo escribes una nueva historia, si te robaron la pluma y el papel,

la vida sigue, sigue a cada momento, pero tú mi amor, fuiste lailusión plena para seguir, siendo en su momento mi salvación y paradojicamente hoy, mi maldición.

Me dijo que se iría…

Me dijo que se iría,

por quinta vez dijo que se iría,
Ya no dolía tanto,
Solo quería que se marche y se lleve todo lo que me dio,
Que se lleve sus besos y caricias,
Que me devuelva las noches de sueño y que suelte mi meñique Para ver si así, las promesas que un día hizo desaparecen.
Me dijo que se iría,
y yo sólo quería que haga un espacio en su vida y me llevé con él.
Me dijo que se iría y con él se lleva una parte de mí que se niega a dejarlo ir.
Me dijo que se iría,
no sé el día, ni el lugar ni hora,
sólo sé que ya lo empiezo a extrañar.

Su amor empezaba a ser una rayo de luz

El sol reluce en todo su esplendor, es domingo y termino mi turno en el trabajo. El reloj marca las 13h46, habíamos quedado en ir a almorzar juntos, tomo mis cosas, esparzo perfume sobre mí, cierro las puertas y salgo. Camino por la avenida principal hacia la heladería en la que acordamos vernos, está  a pocas cuadras del trabajo. Hace mucho calor, espero que el semáforo se ponga en verde y encienda la luz que da paso al peatón, me acerco a nuestro punto de encuentro, estás ahí, distraído no te has fijado que estoy cada vez más cerca. Abro la puerta y digo “hola”, una franca sonrisa sale de tu boca, subo y me das un beso.

-“Qué hacemos” preguntas,  respondo como la mayoría de veces -“No sé”, enciendes el auto y mientras conduces te miro, me encantas, tu piel es tersa y brillante. Decidimos ir a comer en “Holmes”, un lugar cuya especialidad es el pollo al horno acompañado de salsa de piña y vegetales salteados. Pedimos la comida para llevar y por primera vez voy a tu departamento, está en el último piso del edificio, estás nervioso, subimos 112 gradas, no me incomoda, por lo menos ese mínimo ejercicio tonificará un poco mis piernas. Llegamos al fin, son dos puertas las que debes abrir, entro y veo todas tus cosas que aún están por ordenar, te disculpas por eso, no me importa sólo quiero compartir mi tiempo contigo, nos damos un beso y abrimos las fundas con la comida. Das explicaciones de todo lo que ha sido tu mudanza, quieres ser fuerte pero en el fondo te asusta todo esto, sólo quiero ser amable, no importa nada ni el desorden ni comer en el piso, sólo importas tú. Terminamos de almorzar, estábamos en la sala, nos acercamos a tu habitación, toda tu ropa está en el piso, observo unas cobijas tendidas en el suelo, estás durmiendo ahí, no tienes una cama. Nos recostamos, para descansar un poco, preguntas cómo me fue, respondo que bien, estoy sobre su pecho, escucho su corazón, me das un beso en la frente. Sigues disculpándote por como encontré el departamento, sólo te beso y nos tapamos con las cobijas, me quedo dormida. Tus caricias empiezan a despertarme, siento tus manos por todo mi cuerpo, tus labios recorren mi cuello, te correspondo, minutos más tarde eres mío y yo soy tuya. Es tan mágica la conexión que tenemos. El tiempo pasó muy rápido, tengo que regresar a mi casa. Te pido una toalla y me indicas en donde está ubicado el baño, tomo una ducha, mientras me baño preguntas ” todo está bien”, el “agua está helada” musito. Termino de ducharme, me cubro con la toalla y tú hasta tanto ya habías acomodado mi ropa y te habías vestido. Tomo mis cosas, bajamos las gradas, nos detenemos un momento, me das un beso y con voz bajita dices “bonita, bonita, bonita”, llegamos al garaje, subes al carro, me abres la puerta y emprendemos el viaje a mi casa. Son 60 km de recorrido, te digo que sólo me dejes en la parada del bus pero te empeñas en ir a dejarme hasta casa. En el camino conversamos sobre la salud de mi tía, quien ya iba seis días hospitalizada, tiene neumonía, hay un pronóstico reservado sobre su estado. Una llamada nos interrumpe, es mi mamá,  preguntando en dónde estoy, cuelgo la llamada y preguntas si todo está bien. Respondo “Sí”. El cielo está gris, son las 17h50, conduce a 100km por hora, vamos muy rápido y ya estamos a pocos minutos de llegar, te pido que no me dejes en mi casa, sino en el hospital. Te direcciono, es la primera vez que vas hasta mi casa, te  describo todos los lugares por donde pasamos, llegamos al hospital. Era momento de despedirnos, nos damos un último beso, me bajo del auto, esperas hasta que cruce la calle, levantas tu mano y te vas Fue una tarde mágica, me dejaste verte vulnerable, mientras caminaba a la recepción del hospital pensaba me hizo parte de su realidad, y sólo sentía que a este amor que estaba en primavera, las mariposas se les escaparon, no estaban fuera, volaron y se quedaron en mi estómago. Dudaba si esto era real, aún podía sentir magia después de todo. No habían pasado ni cinco minutos y un mensaje tuyo llegó. “Gracias por almorzar conmigo, te voy a extrañar”, respondí “gracias a ti, te extraño más”. Ya lo extrañaba, entre tantas complicaciones que en ese momento me bombardeaban, se había convertido en ese rayito de luz que me reconfortaba el alma y la vida.

RELATOS

 “No quiero dejar que te vayas”

Eran como eso de las 7 y 30 de la noche, los autos se detenían por el tráfico, las luces iluminaban la ciudad y la gente esperaba impaciente el bus en la parada, todo parecía normal, pero en el auto mi mundo se congeló. No podía creerlo, era verdad lo que acaba de escuchar. No es cierto, hace una semana lloraba por la noticia que me dio:

” ya no molestaré más, en unos meses me iré a Venecia, no sé cuándo regresé”, por un momento sentí que un rayo me partió la vida. Era en serio, me iba a dejar así, sin más. Era tan fácil decir adiós, olvidar todo lo que hasta ese momento éramos.

Corrí al baño, puse seguro en la puerta, me apegué a la pared, frente a mí estaba  un espejo, y el reflejo de mi rostro envuelto en lágrimas estaba ahí. El rimel se perdió y unas ojeras oscuras pintaban mis ojos. No quería ver más esa escena y me senté en el piso, lloré con impotencia por unos minutos, hasta que pude tomar fuerza para levantarme.

Vi mi cara otra vez en el espejo, abrí la llave del agua, estaba helada, la dejé caer en mis manos para después lavarme el rostro, en ese momento sólo quería sumergirme en mis propias manos, y lavar mi tristeza. Tomé unas toallas de papel, me sequé las mejillas, limpié los residuos de maquillaje, con mi boca calenté las mangas de mi saco para después ponerlas sobre mis ojos, que en ese momento estaban rojos. Ese calor ayudó a desvanecer el color rojizo.

Salí del baño, no había nadie ahí, regresé a mí escritorio y empecé a revisar las tareas pendientes. Ahora en medio del tráfico y mirando la luz del semáforo que cambió a verde,  toda esta escena regresó a mí, volví a sentir este dolor, pero esta vez en otras palabras. “tarde o temprano esto iba a terminar, ya sea por circunstancias que tengan que ver conmigo o por ti, esto iba a acabar”. En silencio pensaba, claro que acabaría, acabaría conmigo.

Era en serio, había pensado en un final, mientras yo seguía pensando en más capítulos para la historia. No quería llorar, no estaba enojada, no puedo describir el sentimiento que inundaba todo mi ser, pero era algo parecido a la decepción. Pensé que lo que dijo acerca de irse sólo fue un sueño, pero ahora fue peor, cortó la ilusión de un futuro juntos.

Tomó mi mano, me dio un beso en el dedo anular y me miro a los ojos y me dijo te quiero. Lo miré a los ojos como si nada pasaba, pero en realidad pasaba todo, me despertó de ese amor efímero que yo misma creé, estaba claro, de esta relación que compartíamos, los dos teníamos puntos de vista  diferentes acerca de ella. Me bajé del carro, le di la mano y dije hasta mañana. Y ahí estaba, otra vez fingiendo por enésima vez, ser valiente